Cristina Fernández Viuda de Kirchner sigue demostrando aún en el final de su mandato su forma totalitaria e intransigente de ejercer la presidencia.
Hoy hace un acto en el Hospital Posadas, para ello movilizó toda la runfla de inútiles rentados para anunciar logros únicamente concebidos dentro de su reducido mundo de ilusión porque la realidad de la Salud Pública deja en evidencia las carencias que sufre el sector.
Somos muchos los ciudadanos que esperamos la finalización de los abusos. Abuso es hoy no dejar entrar al Posadas ni a los médicos, suspendieron intervenciones quirúrgicas programadas desde hace meses.
Los abusos de poder tienen los días contados, pero esos abusos generalmente no son inocentes, siempre se ejercen por algún fin determinado, deben ser investigados y de corresponder sancionados.
Es imprescindible la investigación implacable de todas las denuncias de corrupción contra funcionarios de este gobierno.
No habrá justicia para la sociedad si no paga quien tiene que pagar.
El caso de la reina sin corona ni trono pero con muchos bienes es indudablemente el más gráfico para que volvamos a creer que todos los ciudadanos somos iguales ante la Ley.
Razones de un peronista para votar a Macri
Julio Bárbaro
Reivindico al peronismo como la fuerza integradora de la sociedad. Ni siquiera el golpe del 55 alteró esa distribución de la riqueza que les asignaba algo más del 50% a los asalariados. Esa historia complica las explicaciones de los que imaginan la riqueza de las naciones según la dimensión de sus empresas. Para nosotros, la integración social era la medida esencial de una sociedad. Y éramos los más integrados del continente; cuando Vargas Llosa recuerda la admiración que le producíamos en su juventud, no puede referirse a la década del ‘30, nació en el ‘36, habla loas de la sociedad que construyó el peronismo, y que dura integrada hasta el Rodrigazo en el 75, y va a destruir metódicamente la dictadura con Martinez de Hoz y sus continuadores.
Perón retornó con voluntad de pacificar, enfrentó dos violencias: la de derechas terminó con la llegada de la democracia; la guerrilla, esa que expulsó de la Plaza, esa violencia recién ahora encuentra su final definitivo. Los derechos humanos no pueden ser solo propiedad de los violentos de ayer, deben volver a ser esencial a los humildes, al pueblo trabajador. El peronismo nunca fue propiedad de las vanguardias, ellas solo intentaron utilizarlo a su servicio. El gobierno que se retira reivindicó a los que Perón expulsó de la Plaza, a los imberbes que asesinaron a Rucci, a los que intentaron sustituir con sus armas los logros del pueblo con sus luchas y sus votos.
El kirchnerismo fue una deformación del peronismo; Perón vino a buscar la unidad nacional y lo marcó en todos sus actos; los Kirchner dividieron la sociedad, retornaron a lo peor del pasado que necesitamos superar. No quiero que Scioli y tantos oportunistas usen la memoria del pueblo para imponer un pensamiento que ni respetan. Prefiero a Macri, que al menos no utiliza nuestra memoria para justificar sus propuestas.
Para Perón, el peronismo era propiedad de todos, no como es hoy un símbolo de atraso en provincias donde ni siquiera hay democracia. No busco cargos, somos muchos los que intentamos reivindicar un peronismo que merezca el respeto de los que piensan distinto, de los que no tienen ninguna obligación de opinar como nosotros. El sectarismo que finaliza es la negación del pensamiento del último Perón, es una absurda mezcla de desmesuras económicas impunes con viejos restos de revolucionarios fracasados. Por todo eso voto a Macri, porque con su gobierno podremos recuperar el peronismo como fuerza digna de respeto, como reivindicación del verdadero legado de su fundador. Cuando perdimos con Alfonsín pudimos construir la renovación.
Ahora todos debemos amoldarnos al presente, izquierdas, derechas y centros, es hora de que nos refiramos al pasado para aprender de él y no para estigmatizar adversarios y convertirlos en enemigos.
Julio Bárbaro
Dirigente histórico del peronismo
Se equivoca quien piense que América latina está a punto de pasar de una etapa política dominada por la izquierda a otra dominada por la derecha. Aun suponiendo que el eje derecha-izquierda sea útil para entender la historia política, cosa que siempre me ha parecido de un simplismo desarmante, sin duda no sirve para entender lo que está sucediendo hoy. Ese eje tiene sentido en los sistemas representativos pluralistas, donde hay un amplio consenso sobre la institucionalidad democrática y donde la derecha y la izquierda, aunque antagónicas, se reconocen legitimidad mutua.
No tiene sentido, en cambio, donde impera el populismo, que por su naturaleza pretende monopolizar el espacio de la legitimidad política y, en consecuencia, absorbe en su interior las funciones que suelen desempeñar la derecha y la izquierda: en esos casos, no casualmente, suelen chocar un frente populista y uno antipopulista.
Esto, de todos modos, lo demuestran los hechos: si la izquierda enfatiza el igualitarismo, no es posible argumentar, con los datos en la mano, que los países gobernados por la "izquierda" en la última década sean más igualitarios que los países gobernados por la "derecha". La verdad es que la pobreza se redujo tanto en Bolivia como en Colombia, en Ecuador como en Perú, en Brasil como en México. Y lo mismo pasa con la desigualdad, que se ha reducido en todas partes, aunque mucho menos que lo que era de esperar.
En fin, no se ve ninguna relación directa y empírica entre una mayor equidad y el color ideológico del gobierno de turno. En todo caso, cabe señalar que, ahora que el ciclo económico favorable se ha quedado atrás, las economías abiertas de la Alianza del Pacífico están demostrando, en general, ser más robustas y dinámicas que las economías nacionalistas y autárquicas de los países que bordean el Atlántico. Entonces, para entender el nuevo clima que según algunos indicios parecería abrirse paso en América latina, mejor es utilizar como parámetro la naturaleza de los regímenes políticos. Al hacerlo, se verá que el amplio apoyo de que han disfrutado hasta ahora los regímenes populistas se está desinflando y que está creciendo la demanda de democracias normales, sin adjetivos.
Para empezar, ¿cuáles son los indicios del nuevo clima? El primero es el ocaso del kirchnerismo: cualquiera sea el resultado del ballottage, pocos imaginaban que su ciclo no se cerraría con un paseo triunfal sobre una red carpet y se parecería en cambio a un via crucis, cuya siguiente estación, para los populistas, podría ser aún más dolorosa en Venezuela, cuando en diciembre lleguen las elecciones: todas las encuestas indican que el chavismo estará en sus mínimos históricos. Al haber sido el chavismo el motor de la propuesta populista en toda la región, su debacle electoral sonaría como una sentencia de muerte.
Más firmes en su posición de dominio absoluto parecen Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, con sus peculiaridades indudables. Pero las recientes elecciones les han enviado señales preocupantes: cuando el líder carismático no es candidato, su partido sale muy maltrecho. Ahora Morales planea perpetuarse en el poder mediante la modificación de la Constitución. Es un déjà vu patético; atención al efecto boomerang. Sobre todos estos gobiernos ha vigilado siempre, como padre tolerante y cómplice, el gobierno de Brasilia. Pero la salud del PT está hoy muy desgastada y el ciclo inaugurado por Lula en 2002 corre el serio riesgo de agotarse dejando muchos huérfanos a su alrededor.
Se dirá que otros líderes no disfrutan de mejor salud, que Michelle Bachelet vuela de crisis en crisis, que la popularidad de Ollanta Humala está muy baja, que Juan Manuel Santos se juega todo en la mesa del proceso de paz. Todo esto es cierto. Pero ninguno de ellos gobierna en nombre de una supuesta revolución: en esos países se cuestiona la calidad del gobierno, no la naturaleza del régimen político. Donde gobierna el populismo es al revés. Son indicios, pero hace un tiempo esos indicios no existían.
¿Qué es lo que distingue el populismo de un régimen democrático normal? Después de todo, con la excepción de Cuba, en toda América latina se celebran hoy elecciones competitivas y todas las constituciones protegen los derechos individuales, la separación de poderes, el imperio de la ley. Por lo menos de palabra. ¿Donde está el problema? Dejemos que lo explique Nicolás Maduro: "No entregaría la revolución", dijo, asumiendo la posibilidad de una derrota electoral. Y luego: "Pasaría a gobernar con el pueblo en unión cívico militar". Traducido: si los electores no me votan, ejerceré el poder con mi gente; las normas sólo se aplican si gano. Brutal, pero claro. Hay Pueblo y pueblo. Los populistas, en su núcleo esencial, piensan así: creen que su pueblo es moralmente superior a los demás pueblos y que encarna ideales más elevados que los que sostienen a las mismas instituciones democráticas: justicia, solidaridad, igualdad, identidad nacional, etc. Es en el nombre de ese pueblo imaginario, mítico, que el populismo pretende la unanimidad y que no puede ver en la victoria de sus adversarios un hecho fisiológico de la democracia. De ahí que la crisis del populismo desestabiliza el régimen político, donde no habría otra cosa que una normal alternancia en el gobierno.
¿Cómo fue que gobiernos que tenían el viento en sus velas y las cajas repletas de dinero, como el de Chávez y el de los Kirchner, terminaron en una situación tan desesperada? ¿Por qué hoy sufren la derrota y amenazan con arrastrar a pueblos enteros a peligrosas polarizaciones ideológicas? Las razones abundan: mala gestión, arbitrariedad, corrupción, recesión. Pero hay algunas más profundas que otras y del todo nuevas. La primera es que los populismos de hoy son híbridos: tienen el mismo impulso totalitario de sus antepasados, pero no pueden, como hacían aquéllos, acabar con cualquier oponente. Los populismos de hoy viven, aunque incómodos, en la democracia, lo que los obliga a tolerar más pluralismo que el que quisieran, hasta tener que competir y correr el riesgo de la derrota. Y no sólo eso: mientras en el pasado el ciclo populista era a menudo interrumpido por la intervención de las fuerzas armadas, que potenciaban así el mito de los populistas como custodios de la soberanía del pueblo, ahora ese riesgo ya no existe. Por suerte. El populismo puede así completar su ciclo y exhibir sin más excusas los frutos de su gobierno, en general nada atractivos. Si hubo un tiempo en que, al ser derrocado, el populismo dejaba flotando el sueño de una esperanza reprimida, ahora deja ropa sucia y platos rotos a la vista de todos.
Una segunda razón, no menos importante, ayuda a explicar por qué los populismos corren hoy el riesgo de convertirse en huérfanos del pueblo en cuyo nombre actúan. Se la podría llamar "la gran ilusión" de los populismos. Su pretensión de ejercer el monopolio del poder mediante la invocación de un pueblo mítico, homogéneo e indiferenciado choca contra la realidad, que nos muestra cómo los países de la región se vuelven cada día más heterogéneos y plurales. El fuerte crecimiento de la última década, en particular, ha acelerado en toda América latina el avance de unas clases medias más independientes, exigentes, secularizadas e instruidas. A sus ojos, la típica mezcla populista de caudillismo, amiguismo, monólogos en cadena, demagogia barata, aparece cada vez más primitiva. Son fenómenos que evocan más el pasado hispánico que una sociedad moderna, justa y eficiente. Se puede intentar justificar el nombramiento de la hija de un ministro a la presidencia de un banco pescando en la retórica progresista, pero al final todo el mundo entiende que está frente a un caso del más desvergonzado nepotismo.
No por esto, claro, los populismos tienen sus días contados: fueron, son y seguirán siendo una poderosa alternativa a la democracia liberal. A la cual, sin embargo, se ofrece ahora una nueva oportunidad. ¿Sabrá aprovecharla mejor que en el pasado? Esto es ya otro tema.
Ensayista y profesor de historia en la Universidad de Bolonia
•El retorno de la deuda externa: el tema de la deuda se ha instalado de nuevo, sin embargo, pocos manejan los alcances y limites reales del fenómeno de la deuda, sus orígenes y consecuencias. Invitamos a los lectores a investigar la evidencia más escondida, la obviedad mejor disimulada y a entrenar la mirada crítica, base del conocimiento, para desentrañar qué relaciones de poder esconden, así empiezan Alfredo y Eric Calcagno su libro: “La nueva deuda externa explicada a todos" .
•¿Qué significa la deuda externa?: es preciso no poner todo en una misma bolsa, la deuda que sufrimos ahora son “viejas” contraídas en el periodo militar (1976-1986) junto con otras “nuevas” (1991-2001), cada una con sus características; también existe una tercera fase del endeudamiento, que consiste en la caída de la convertibilidad. Ninguna fue para industrializar el país o el bienestar de sus habitantes, la deuda “vieja” fue una operación realizada por el establishment para evadir capitales en gran escala y la “nueva” para asegurar la continuidad del funcionamiento de la economía en su beneficio. Por último, con el default y la reestructuración de la deuda surgió un nuevo panorama. Los favorecidos y los perjudicados son los mismos en todos los casos. El objeto de estudio de este trabajo se sintetiza en las siguientes preguntas: ¿es una deuda legítima?, ¿es el resultado de una gigantesca estafa?, ¿es un medio para que los países deudores realicen la política económica que pretenden los acreedores?, ¿Qué alternativas existen de soluciones negociadas?, ¿Qué medidas unilaterales son posibles?, ¿Cuáles son los costos y beneficios de cada política que se instrumente?, ¿es un factor que determina en gran medida la distribución de la riqueza y el ingreso dentro de La Argentina?.
El pago de la deuda necesita extraer recursos fiscales y de divisas. Esto significa más impuestos y menos gastos públicos; es decir, menor cantidad y calidad de salud y educación, así como menos inversión pública para la infraestructura y el crecimiento.
Qué es y qué no es la deuda externa.
•No es un problema moral que este en el ámbito del “deber ser”, sino que se ubica en el político, en donde prevalecen los objetivos a alcanzar y la relación de fuerzas existente, en un marco dinámico y no estático, como una construcción social y no como un hecho de la naturaleza.
•La deuda externa es una cuestión política puesto que afecta a toda la sociedad, existe la necesidad de tener en cuenta variables fundamentales a la hora de endeudarse (y de pagar): cuál es la potestad invocada para contraer el endeudamiento; luego, qué capacidad económica y financiera tiene quien se endeuda; por último, para qué va a usar el préstamo. Lo que está en juego es el bienestar –o la miseria- de la mayoría de la población, la estructura del sistema productivo y la autonomía nacional para decidir las políticas económicas locales. Por lo tanto esta es una cuestión para resolver en las institucionales constitucionales de un país con un fuerte debate sobre los alcances del pago total, parcial o del no pago, o de cualquier otra solución que permita mejorar el panorama de las sociedades endeudadas a la fuerza.
•La deuda externa en sí misma no es ni buena ni mala, y está subordinada a la política económica global, endeudarse o no es un instrumento. Depende de las condiciones del préstamo, de como se lo usa, si es barato o caro, de las condiciones de obtención y destino frente al beneficio que surge del uso que se le dé a los recursos. Pueden existir deudas virtuosas que nos ayuden en el camino del desarrollo, o perversas que nos hundan en la miseria como la deuda externa argentina donde en el periodo neoliberal se no solo se ha subordinado la política fiscal y presupuestaria a su pago sino que también se ha perseguido un desenfrenado endeudamiento como consecuencia lógica del programa de gobierno lo que ha significado enormes restricciones para el país. El problema de la deuda no debe ser considerado de modo aislado ya que está vinculado con toda la política económica la cual –a nivel global- establece de modo muy claro a quiénes se beneficiará y a quiénes se perjudicará. Por eso, pagar, renegociar los pagos o no pagar, solo tiene sentido dentro de una estrategia económica de conjunto. Las etapas de la deuda externa.
•El origen de la deuda externa argentina desde 1976 tiene que ver con dos vertientes de política económica diferentes: la primera fue la acción del sistema financiero internacional, que impulsó el endeudamiento para satisfacer los requerimientos de los bancos de los países desarrollados. La segunda fueron las políticas económicas argentinas, que respondieron a las necesidades del establishment.
•Desde 1930 hasta 1975 hubo pocos préstamos internacionales a América Latina. En el caso de La Argentina, en el decenio de 1945-1954 no hubo entradas de capital a largo plazo y en el privado fue ínfima. El capital extranjero que en 1913 totalizaba el 48% de capital fijo total, se redujo hasta alcanzar el 5% entre 1949 y 1955.
•La deuda externa después de 1975.
La primera etapa (hasta 1982): a mediados del decenio de 1970 se produjo un alza en los precios del petróleo, entonces, los países petroleros debieron darle cause a la avalancha de dólares que generaron, por lo que encargaron la colocación de una parte importan de esos fondos a los grandes bancos internacionales, que engancharon a los países subdesarrollados, ávidos de capitales, y les ofrecieron préstamos a tasas de interés bajas. A fines de esa década, por decisión unilateral de Estados Unidos, se triplicó la tasa de interés. Como los países latinoamericanos no podían pagar comenzaron a entrar en moratoria.
Segunda etapa (1982-1990): Estados Unidos y la banca trasnacional pusieron toda su presión política y económica para obligar a los países deudores a pagar. Como no tenían con qué, tuvieron que endeudarse más y más (se produjo así un efecto bola de nieve). Además se presionó con éxito a los países latinoamericanos para que se hicieran cargo de las deudas privadas. Y como si fuera poco les impusieron que hicieran “ajustes” estructurales que fijaba el FMI: privatización de las empresas públicas, apertura de la economía, rebaja de salarios reales, reducción drástica del gasto público. América Latina transfirió 220.200 millones de dólares a los países desarrollados, para La Argentina esa cifra fue de 33.200 millones.
Tercera etapa (1991-2000): se produce un restablecimiento de los flujos de capitales hacia América Latina. La deuda “vieja” (contraída entre 1975 y 1982), se consolidó y blanqueó en 1992, con su conversión en bonos. Este nuevo flujo de capitales (56.467 millones de dólares) hizo posible un decenio del plan de convertibilidad.
Cuarta etapa (2001): se terminan los préstamos externos y la evasión de capitales, y el modelo de endeudamiento se derrumbó, era la quiebra del sistema de la convertibilidad, con la consiguiente cesación de pagos y la inevitable devaluación. En ese año la evasión de capitales fue de 17.100 millones de dólares.
Quinta etapa (desde 2001): este período comenzó con la declaración del default de la deuda externa el 23 de diciembre y continúa hasta la actualidad con la restructuración de esa deuda. Comenzó entonces una negociación que finalizó en marzo de 2005 con una fuerte quita, ampliación de plazos y emisión de nuevos bonos. Continuaron los servicios a los organismos internacionales y a los bonos emitidos después del default, que en conjunto ascienden a 82.300 millones de dólares. En cuanto a los bonos en default, de los 81.836 millones de dólares elegibles, se canjearon 62.318 millones (el 76,15%). Así, con una rebaja de 66.013 millones con respecto a la deuda existente en 2004 y de 19.000 de millones respecto a la de diciembre de 2001, el total de la deuda pública quedó en 125.000 millones de dólares; no ingresaron al canje bonos por 19.800 millones de dólares.
El monto de la deuda externa.
•La deuda vieja: ¿qué ocurrió para que entre 1975 y 1983 la deuda externa haya aumentado de 7.875 a 45.087 millones de dólares? El 44% de ese dinero se utilizó para financiar la evasión de capitales por parte de agentes privados, el 33% para el pago de intereses a la banca extranjera y el 23% se destinó a la compra de armas y de importaciones no registradas. En el periodo 1975/1986 la deuda externa se incrementó en 43.400 millones de dólares y llegó así a los 51.286 millones; pero resulta que en ese periodo salieron 13.500 millones de dólares. Nos endeudamos para que salieran capitales, y luego para pagar la parte de intereses que no conseguíamos servir con intereses propios; si no hubiéramos pedido ningún préstamo, tendríamos 13.500 millones de dólares más. Las tasas usurarias de interés y las diversas comisiones bancarias, al capitalizarse y estar sujetas a su vez al pago de nuevos intereses usurarios por el total, inflaron la suma y produjeron un efecto “bola de nieve”. Según datos del Morgan Guaranty Trust de Nueva York en 1985 la deuda externa argentina era de 50.000 millones de dólares, pero si se le suprimiera la evasión de capitales, se reduciría a 1.000 millones. Si los intereses pagados por encima de las tasas históricas se hubieran aplicado a la amortización del capital, la deuda externa “vieja” se hubiera terminado de pagar en 1988.
•La deuda nueva: en diciembre de 1992, se firmo el convenio Brady por el cual se restructuraron 23.000 millones de dólares del principal y 8.600 millones de dólares de atrasos de intereses. Después de reconvertidas las deudas bancarias en bonos, comenzó una nueva afluencia de fondos hacia América Latina en general y a la Argentina en particular. El monto de la deuda se multiplicó por 2,3 entre 1992 y 2001. En valores absolutos, pasó de 63.000 millones de dólares a 144.000 millones, el aumento fue de 81.000. Hay que advertir dos cambios en la naturaleza de la deuda: la aceleración del proceso de endeudamiento (modo normal de financiar la economía, consecuencia directa del plan de convertibilidad); y el cambio en la estructura de los acreedores, así, en 1992, los bonos y títulos públicos y privados significaban el 27,2% del total de la deuda, mientras que la banca comercial llegaba al 34,4%. En 2001, el 57,6%corresponde a bonos y títulos públicos y privados, y el 0,5 a los bancos. Los organismos financieros internacionales crecieron del 11,5% en 1991, al 22,4% en 2001. En 2001 los intereses totales devengados por la deuda externa Argentina eran el 38,1% de las exportaciones, mientras que los pagos por intereses representaban el 21,7% del total de gastos de la administración nacional (presupuesto).
•La situación post default: con la restructuración de la deuda se procura regularizar la relación con los tenedores de deuda pública en default. El estado emitió bonos para restituir los descuentos del 13% sobre el salario de los empleados públicos y jubilaciones; entrego bonos a los titulares de los depósitos; emitió bonos para compensar a los bancos por la pesificación asimétrica"; y coloco bonos para financiar el rescate de las monedas provinciales. Los bonos en situación irregular que se canjearon alcanzaban a 81.000 millones de dólares; de ellos se presentaron al canje 62.000, es decir el 76,15%. A su vez, 82.300 millones de la deuda están “al día”. En 2001 la deuda externa Argentina equivalía al 113% del Producto Interno Bruto, mientras que en el 2005 al 72%. En 2001 el servicio de intereses de la deuda equivalía al 38% de las exportaciones, mientras que en el 2005 al 9%. Con la restructuración, el 37% de la deuda quedó nominada en pesos y se alargaron los lazos para las amortizacizaciones.
Utilización de los recursos provenientes de la deuda.
•La deuda vieja: a la Argentina no le hacia falta endeudarse para comprar todas las importaciones necesarias y pagar los servicios de factores sobre la deuda inicial de 1976. Durante el lapso considerado, las exportaciones de bienes y servicios no superaron los 4.000 millones de dólares; si se contabiliza lo ocurrido entre 1975 y 1979, se advierte que el promedio anual de pago neto de factores fue de 640 millones de dólares, lo cual hubiera sido fácil de pagar con el excedente comercial. Por otra parte, los capitales evadidos superaron los 25.000 millones de dolares. La inversión fija bruta cayó, después de un leve aumento en 1980. Se produjo una fuga de capitales (aparece la “bicicleta financiera”), compra de armas y otros egresos no registrados por 29.000 millones de dolares; y se llega a los 43.000 millones de dolares si se agregan los pagos de intereses de la deuda. Como si todo esto fuera poco, se estatizó la deuda privada (externa e interna). Gran parte de los prestamos obraron como una “bomba de succión” de activos nacionales hacia el país de los acreedores (jamás hasta entonces se había practicado una política mas “confiable” para ellos).
•La deuda nueva: los déficits externos seguían, pagados con más endeudamiento. se acaba el fuerte excedente comercial que había hasta 1980, las importaciones aumentan a mayor velocidad que las exportaciones y se va a un déficit comercial importante. Toda una economía que funcionaba sobre la base de un endeudamiento constante y creciente: este fue el mecanismo implantado por el Plan de Convertibilidad. El banco central estaba obligado a comprar y vender sin restricciones los dolares que se le ofrecieran y demandaran, a una tasa de cambio fija. La convertibilidad era un mecanismo contra la lucha antinflacionaria basado en la libre conversión de pesos a dolares, en la emisión monetaria solo contra aumento de las reservas, en la congelación del tipo de cambio, en la apertura comercial externa y en la libre entrada de capitales. El crecimiento de la economía quedo asociado a los capitales externos, que cubrieran el déficit en la balanza comercial y más aun en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Tanto el endeudamiento externo como la inversión extranjera directa generaban luego un pago de servicios, que se estaba financiando no con exportaciones sino con más deuda o con más inversión extranjera, y así creció la bola de nieve. A mediados de 2001 la situación fue insostenible, la Argentina no tuvo más crédito. Entonces el gobierno contrató un megacanje para aliviar algunos pagos inmediatos, que consistió en canjear 46 títulos en circulación por un valor nominal de 29.500 millones de dolares, a cambio de 5 nuevos títulos; se obtenía una postergación del pago de 10.840 millones de dolares en los primeros 5 años y se recargaba las obligaciones de la deuda en el resto del periodo (31 años) en 55.281 millones de dolares; estos bonos entrarían a la restructuración de la deuda publica. A partir de la entrada en default del 23 de diciembre de 2001 cesó la entrada de préstamos externos.
Evolución de la deuda externa Argentina en el período 2005 a la actualidad:
El Gobierno Nacional, a través de la realización del canje, se proponía alcanzar una dinámica de deuda que sea sustentable en el tiempo, lo cual requería: Compatibilizar los requerimientos de servicios de deuda con la capacidad de pago de la nueva estructura económica argentina; crear las condiciones para fortalecer la previsibilidad fiscal; y disminuir la vulnerabilidad frente a shocks externos.
La propuesta realizada durante el mes de marzo de 2005 contempló la emisión de nueva deuda con las siguientes características: Emisión de 3 tipos de bonos: Par, Descuento, Cuasi-Par; en 4 monedas y con 4 legislaciones distintas, lo que equivalió a un total de 11 nuevos bonos. Una quita del 66,3% para los Bonos Descuento y de un 30,1% para los Bonos Cuasi-Par. Fecha de emisión de los nuevos bonos: 31 de diciembre de 2003. Los bonos incorporaron la emisión de unidades ligadas al crecimiento del PBI respecto del sendero de crecimiento planteado como Caso Base por el gobierno argentino. Esto implica el pago del 5% del excedente del PIB, calculado como la diferencia entre PIB real y el Caso Base. Los Bonos Par, Descuento y Cuasi-Par emitidos en pesos poseen un ajuste del capital de acuerdo a la evolución del CER. Capitalización de intereses en el caso de los Bonos Descuento y Cuasipar. Los tenedores de Bonos Par y Descuento recibirían el 1º de abril de 2005, en efectivo, los intereses acumulados y vencidos a esa fecha, desde el 31 de diciembre de 2003. Recompra de deuda nueva por mayor crecimiento del PIB respecto del Caso Base. Los recursos destinados equivaldrían al 5% del excedente del PIB, utilizados exclusivamente a la recompra de la nueva deuda emitida en el canje entre los años 2005 y 2010.
Al finalizar la reestructuración anunciada, la deuda “vieja” efectivamente canjeada ascendió a U$S 62.318 millones, lo que equivalió a un 76,18% de la deuda elegible (U$S 81.000 millones). Teniendo en cuenta su distribución entre los diferentes instrumentos posibles, el monto de deuda nueva emitido al canjear los títulos públicos presentados fue de U$S 35.261 millones.
Luego de finalizado el canje se promulgó la Ley Nº 26.017 que estableció que el Gobierno Nacional no podía reabrir el proceso de canje establecido en el Decreto N° 1735/05. Por lo tanto, el grupo de acreedores que no aceptó el canje (23,9%) denominados holdouts, conformaron un grupo de deuda remanente que no podía ser refinanciada hasta tanto no se promulgue una ley que así lo dispusiera. Asimismo, el resto de la deuda que en el año 2001 ingresó en situación de diferimiento de pago, aún se encontraba pendiente de reestructuración, y dentro de estas obligaciones se encontraban las agrupadas en los segmentos de Bilaterales (incluye Club de París), Banca Comercial, Proveedores y Otras. Se consiguió un alivio temporal en los vencimientos de corto plazo, lo cual resultaba muy beneficioso dada la situación económica en la cual se encontraba el país. Por otra parte, en el mediano plazo los flujos de pago por los nuevos bonos son similares a los de los “viejos”, mientras que en el largo plazo los pagos son claramente superiores.
En enero de 2006 Argentina salda su deuda con el FMI con un pago anticipado de 9.530 millones de dólares. El 31 de enero de 2007 Argentina y España acuerdan reestructurar la deuda relacionada con un préstamo que España realizó en marzo de 2001. El 2 de septiembre de 2008 la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, anuncia que salda deuda de 6.706 millones de dólares con el Club de París con reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
A través del Decreto 563/2010 del 26 de abril de 2010 y en función de lo normado por la Ley 26.547, se dispuso la reestructuración de la deuda del Estado Nacional. El objeto de la oferta era reestructurar y cancelar las obligaciones de deuda que estaban en default desde el año 2001, representadas por los títulos públicos que fueran elegibles para el canje dispuesto en el Decreto Nº 1735/04 y que no hubiesen sido presentados al mismo. Asimismo, se buscaba terminar con los procedimientos legales contra el país respecto de aquellos títulos. Justamente, en la invitación se estableció como condición para la participación que los tenedores se comprometieran a terminar con cualquier demanda administrativa, litigiosa o arbitral en contra de la Argentina. A su vez, se estipuló que los términos y condiciones financieros que contenía la oferta no podían ser iguales ni mejores que los ofrecidos a los acreedores en la reestructuración del año 2005.
Las cifras finales de adhesión muestran que ingresaron aproximadamente U$S 12.200 millones, lo que implica un 67% de aceptación. A su vez, alrededor de U$S 10.200 millones optaron por el Bono Descuento y otros U$S 2.000 millones por el Par. Si se suman estos resultados a aquellos derivados del canje efectuado en 2005 puede afirmarse que más del 91% de la deuda declarada en default en 2001 ha sido regularizada y reestructurada. Esto significa que 9 de cada 10 inversores han aceptado las ofertas de reestructuración que realizó el país, lo cual lo sitúa en una mejor posición judicial frente a los que han decidido no ingresar en ninguna de las dos operaciones y litigar contra la Argentina. Estos “fondos buitre” constituyen menos del 9% de la deuda en cesación de pagos, y representan alrededor de U$S 6.800 millones. Esto no implica que la Argentina tenga el camino allanado; al contrario, estos fondos especulativos seguirán recurriendo a los tribunales internacionales para intentar cobrar el 100 %, pero el hecho de haber realizado dos ofertas de canje deja sentada la predisposición argentina de terminar con el tan mentado default.
Hechos recientes
En octubre de 2012 la Corte de Apelaciones de Nueva York dictamina que la Argentina discriminó a "los fondos buitres" y los bonistas que no participaron de los canjes de 2005 y 2010. Noviembre de 2012 el juez de Nueva York Thomas Griesa determinó que la Argentina debe pagar el 100% de la deuda con los "fondos buitre" que no ingresaron en los canjes y litigaron en la Justicia de los Estados Unidos.
En febrero de 2014: Argentina apela el fallo del juez de Nueva York ante la Corte Suprema de los Estados Unidos. 16 de junio de 2014: la Corte Suprema de los Estados Unidos rechaza revisar la apelación de la Argentina y el caso vuelve a Griesa, que ordena a la Argentina cumplir con el pago de 1.330 millones de dólares más intereses de una sola vez y en efectivo. Lo debe hacer junto con el próximo pago de su deuda reestructurada, que vence el 30 de junio. Argentina anuncia que no puede cumplir con el fallo. 26 de junio de 2014: Argentina depositó más de 1.000 millones de dólares para saldar un vencimiento del 30 de junio correspondiente a su deuda reestructurada. Corre el riesgo de que el dinero sea embargado por orden de la Justicia estadounidense, a raíz de un reclamo de los "fondos buitre" que no aceptaron los canjes. 27 de junio de 2014: La Justicia estadounidense frenó el pago de la deuda reestructurada de la Argentina pero no embargó el dinero depositado por el país para ese fin, tal como habían solicitado los bonistas que no ingresaron en los canjes, los llamados "fondos buitre". 30 de junio de 2014: los bonistas que entraron en los canjes de 2005 y 2010 no reciben el pago tras el depósito del gobierno argentino, que asegura que cumplió con el pago. Comienza un período de gracia de 30 días para que la Argentina cumpla con el pago de la deuda reestructurada para no entrar en default, según las calificadoras de riesgo. Julio: continúan durante todo el mes las negociaciones entre la Argentina y los "fondos buitre" en busca de un acuerdo. Argentina asegura que no puede cumplir el fallo porque estaría incumpliendo la cláusula RUFO, que le impide ofrecer mejores condiciones que las que aceptaron los bonistas en los canjes de 2005 y 2010. Eso representaría demandas millonarias, argumenta el país. 23 de julio de 2014: Fernández de Kirchner reitera que la Argentina "no va a entrar en default" porque ya cumplió con los pagos de su deuda reestructurada, pese a que sigue sin haber acuerdo en el litigio con los "fondos buitre" que no aceptaron los canjes de 2005 y 2010. 30 de julio: Daniel Pollack, nombrado por el juez Thomas Griesa para mediar en la disputa que Argentina mantiene con los "fondos buitre" anuncia que no hubo acuerdo y que Argentina entrará en "default". El país no lo acepta: "Es una situación inédita, Argentina pagó", afirma el ministro de Economía, Axel Kicillof. La agencia de calificación de riesgo Standard & Poor's declaró la deuda en "default o incumplimiento selectivo".
Septiembre de 2014: el martes 9 partiendo del caso de los fondos buitre que afecta a Argentina, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó este martes con 124 votos a favor, 11 en contra y 41 abstenciones una resolución para que se realice un marco legal que, según el canciller Héctor Timerman, permitirá a los países salir de la crisis de forma sustentable. Además, este marco legal aumentará la eficiencia, estabilidad y previsibilidad del sistema financiero internacional. Este miércoles 10, la Cámara baja, tratará el proyecto que persigue modificar el domicilio de pago de los bonos de la deuda reestructurados en 2005 y 2010. El oficialismo tiene garantizado el piso de 129 legisladores para abrir la sesión y los votos necesarios para aprobar el proyecto que ya fue aprobado en el Senado.
Comparto la opinión de los que piden que se suspenda el pago hasta realizar una auditoría integral de la deuda pública, y de esa forma denunciar y castigar a los responsables internos y externos de las maniobras fraudulentas realizadas contra el Estado, y asumir solamente las deudas que fueron contraídas legítimamente. Es hora de ver quién tiene las manos manchadas con las privatizaciones del menemismo, los ajustes brutales de la alianza, los pagos seriales del revolucionario kirchnerismo que no reducen la deuda en años de bonanza económica.
Si bien soy ateo, de todos modos finalizo el post citando a Lutero: “Los usureros de todas las calañas reclaman siempre a voz en cuello títulos y documentos. Los juristas les dan esta respuesta: In malis promisis. Por su parte, los teólogos declaran que las cartas dirigidas al diablo no tienen ningún valor, aunque estén escritas y selladas con sangre, pues lo que va contra Dios, contra la justicia y contra natura, es inválido y nulo. ¿Cuándo habrá, pues, un príncipe lo bastante enérgico para intervenir valientemente y romper todos estos títulos?”