miércoles, 30 de septiembre de 2015

CUANDO EL RELATO SUPERA A LOS DATOS

Por
Silvio Waisbord

  Cualquiera que haya intentado persuadir a una persona con diferentes opiniones sobre temas sensibles -política, religión, racismo- sabe que corregir a los desinformados convencidos es difícil o simplemente imposible. Ciertas opiniones son inexpugnables aun cuando se las coteja con evidencia indiscutible. Estudios recientes comprueban que la gente (o el pueblo o la ciudadanía, según las preferencias semánticas) cree lo que quiere creer, no necesariamente aquello probado o que los expertos consideran verdades incontestables.
En Argentina, pareciera que ninguna evidencia, por más sólida que sea, es suficiente para cambiar sentimientos kirchneristas y opositores sobre una variedad de temas: la marcha de la economía, la inseguridad, la situación de escuelas y hospitales, o los pergaminos o prontuarios de funcionarios públicos. Simpatizantes ortodoxos de ambos lados tienen convicciones a prueba de pruebas. Asimismo, pareciera que las interpretaciones sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman se dividen según opiniones preexistentes sobre el gobierno nacional. En el país de los detectives amateurs, la posición frente a la presidencia es el filtro informativo dominante para comprender lo sucedido y encontrar evidencia que, inevitablemente, confirma convicciones previas.
Fenómeno similar ocurre con las reacciones frente al discurso de la presidenta Fernández de Kirchner ante la Asamblea Legislativa. Para los militantes de la verdad del gobierno fue un enorme despliegue de certezas impecables sin exageraciones ni falsedades. Una radiografía perfecta de la situación nacional con datos abrumadores e impecables. Para la oposición, la narrativa presidencial fue otro cuento de hadas de un país de fantasías con olvidos y errores. En su opinión, ninguna evidencia demuestra que el legado kirchnerista es exactamente un “país cómodo” para la gente.
La porfía de la desinformación preocupa en vísperas de la campaña presidencial. Se premia a quien dice lo que se quiere oír no a quien ofrece argumentos basados en datos. Se rechazan con vehemencia hechos que disputan verdades personales. Frente a la manipulación interesada y opiniones obcecadas, es fundamental contrastar con evidencia los pronunciamientos de los políticos. De lo contrario, el debate público se diluye en duelos de relatos con relación equivoca con la realidad, cuyo único propósito es confirmar creencias personales y convencer a los convencidos. Preocupa que el escenario actual produzca cataratas opiniones sin sostén empírico o con datos ausentes o convenientemente utilizados. La información parcial o equivocada circula rápidamente. Los “medios sociales”, el ciclo noticioso constante, y la fragmentación de los medios permiten la “percepción selectiva” de la información que se ajusta a apetitos personales y opiniones previas. Hoy se puede consumir constantemente información congruente con prejuicios y saberes a medias que jamás pone en tela de juicio nuestras equivocaciones o conocimientos limitados.
No todas las opiniones son igualmente reacias a reconocer errores y limitaciones. Es más factible que se modifiquen creencias sobre temas que no interesan, se desconocen, o están desligados de sentimientos fuertes y lazos sociales cercanos. En cambio, las creencias más renuentes a ser corregidas están arraigadas en emociones e identidades sociales fundamentales. La razón es relativamente simple: Priorizan la lealtad a convicciones personales y la aceptación social. Se cree en ideas que nos reconfortan y gozan de reconocimiento en círculos sociales. Tener evidencia incuestionable o ser respetuoso de los datos carece del mismo valor social.
En otros casos, la obstinación de opiniones erradas está anclada en el bolsillo. Empleados de relatos variopintos no están exactamente dispuestos a interrogar sus creencias o cotejarlas con evidencia, por lo menos públicamente. Como observara Upton Sinclair, es difícil lograr que una persona entienda algo cuando su salario depende de no entenderlo.
Esta situación contradice la visión optimista sobre la información como inevitable abrepuertas al diálogo, la comprensión mutua y la verdad, condiciones centrales para la vida en democracia. La enorme disponibilidad de información no resuelve ni el error ni la ignorancia. Hay espacio limitado para la duda como principio del conocimiento o la curiosidad por cuestionar convicciones propias. Por el contrario, se vive conforme y orgulloso con ideas establecidas, sin mayor preocupación por si corresponden con la realidad. Desafortunadamente, los dogmáticos suelen tener voces más potentes que los independientes, los desinteresados, y los escépticos. No solamente tienen arrolladora confianza; también gozan del respaldo generoso de intereses poderosos preocupados por perpetuar falsedades y verdades parciales.
Ante el desprecio de los datos, se debe insistir con nutrir el debate público con datos y evidencia. Esto puede sonar excesivamente moderno entre tanto cinismo posmodernista que piensa que no hay datos ni verdad sino solamente interpretaciones, como advirtiera Friedrich Nietzsche.
El problema es que cuando los relatos desplazan a los datos, la democracia queda presa de creencias inquebrantables que construyen sus propias realidades por razones emocionales o económicas. Y cuando esto sucede, todos estamos obligados a vivir en realidades imaginadas por otros.

Silvio Waisbord, Sociólogo especialista en Medios. Profesor de la George Washington University


martes, 29 de septiembre de 2015

CFK EN LA ONU

  Raúl Canosa
 29/09/2015

La Presidente fue aplaudida en dos oportunidades por Zannini, Timerman y la Embajadora en Estados Unidos; fue cuando se refirió al proceso de paz en Colombia y al mencionar la investigación sobre la muerte de Nisman (La Nación).
  Menos mal que los llevó.
  Con su "brillante manejo de la diplomacia" Cristina expuso un combo de temas, e hizo entre otras cosas referencia a los fondos buitres; al caso Nisman (Una muerte rodeada de casualidades) y también a Stiuso a quien  Kirchner le presentó al Fiscal Nisman y le ordenó que trabajase a su disposición y así ocurrió durante 12 años.
  Pero Cristina OMITIÓ el reclamo sobre la soberanía de las Islas Malvinas.
  Porque habrá excluido de la agenda el tema probablemente más sensible al pueblo argentino?
  Este gobierno se está retirando, y dejará  tanto en el ámbito interno como en el externo un cúmulo de problemas que no serán de fácil solución .
  Habrá que ver como hará el próximo gobierno para disipar la desconfianza internacional provocada por tantos discursos de barricada y encaminar nuevamente negociaciones para resolver -sin claudicar derechos- el tema deuda externa, y es también fundamental que nuestro país salga del aislamiento producto de la actual alianza  chiquitita y se integre nuevamente a la comunidad internacional.
  Argentina se merece estadistas con sabiduría y visión de futuro.
  Los resultados de la impericia, la improvisación, y en el caso de la política agropecuaria, la intención inexplicable y diría perversa dirigida a provocar la asfixia económica del sector que paradógicamente le genera los recursos económicos que le permite seguir con el relato pintando el país de las maravillas dirigido fundamentalmente a convencidos a prueba de pruebas que demuestren que es otra la realidad.


domingo, 27 de septiembre de 2015

El país con insuficiencia institucional

Un País Con Insuficiencia Institucional
Tribuna de Periodistas
ARGENTINA, SIEMPRE DANDO LA NOTA

No se trata de desplegar una moralina de ocasión o de bajar un mensaje de crisis terminal de la democracia, pero tres de las grandes noticias de la semana están asociadas a un cuadro de insuficiencia institucional en el país.
La inédita anulación de las elecciones en Tucumán, el escándalo que rodeó a la renuncia de Fernando Niembro a su candidatura y la dimisión "a futuro" del juez de la Corte Suprema Carlos Fayt parten de un mismo síndrome de debilidad democrática.
Como si fuera un partido de tenis, la sociedad argentina ve pasar acusaciones de un lado y de otro sobre lo ocurrido en Tucumán, donde el virtual triunfo electoral del oficialismo quedó empantanado en un derrotero judicial, cuyo desenlace —en tiempo y sustancia— todavía se desconoce.
El oficialismo recurrió al Superior Tribunal provincial, pero la cuestión parece tener destino de la Corte Suprema nacional y, si no hay un pronunciamiento antes del vencimiento del mandato del gobernador José Alperovich, el 29 de octubre, está latente la amenaza oficial de intervenir la provincia.
"Estamos retornando a épocas predemocrática", rezongó Cristina Kirchner sobre el fallo de dos jueces del fuero en lo contencioso administrativo que anuló las elecciones tucumanas y pidió nuevos comicios, pero sin hacer autocrítica sobre los granos de arena aportados por ella a esa regresión.
Ella misma estaba haciendo abuso de la cadena nacional en ese momento. Daniel Scioli mandó decir que estaba afectado por un problema estomacal pero en verdad prefirió bajarse del acto en La Matanza en el que se venía un reproche a la Justicia. Según sus colaboradores, el candidato del FPV busca despegarse del clima bélico contraponiendo "liderazgo y equipo propios y propuestas" para ganar en primera vuelta.
En la Argentina se hizo habitual que el que pierde una elección denuncie fraude, pero al mismo tiempo está comprobado que existen maquinarias desplegadas para restringir con distintas modalidades la libertad de los electores.
Por más clientelar y tramposo que sea un esquema eleccionario es prácticamente imposible que marque una diferencia de 110 mil votos como la que hubo entre Juan Manzur y José Cano en Tucumán, pero al mismo tiempo poco se ha hecho en todos estos años de democracia para que el margen de error/ardid se achique.
El escándalo tucumano antecede a las elecciones de Chaco, donde en las PASO el oficialismo obtuvo una diferencia de más de 20 puntos sobre el frente opositor liderado por la intendenta radical de Resistencia, Aída Ayala. No obstante, el viento tucumano también envició a los comicios chaqueños.
Un mal momento
El caso de los contratos con los que fue beneficiado Fernando Niembro afecta al gobierno de la Ciudad no tanto por la magnitud del hecho —que es significativo— sino porque asocia a la administración de Mauricio Macri con prácticas non sanctas.
Pese a que el Gobierno de la Ciudad alcanzó mejores niveles de transparencia que el de la Provincia y el de la Nación, la raíz del escándalo es la opacidad en la administración pública. En este caso, la Legislatura porteña había aprobado una ley de reparto de publicidad oficial que Macri vetó parcialmente.
En el PRO se esmeraron por marcar las diferencias, es decir que ante una denuncia, Niembro bajó su candidatura y la Legislatura habilitó un pedido de informes al Ejecutivo, pero el sistema de contrataciones porteño quedó bajo la lupa.
Fuentes partidarias reconocieron que las últimas encuestas mostraron un leve retroceso de Macri, o al menos un freno en sus posibilidades de crecimiento. Por eso el jefe de Gobierno avaló la salida del periodista de la campaña con el objetivo de que la crisis no siga recortando el potencial de Cambiemos.
Es una máxima de las ONG que bregan por la transparencia que "a mayor opacidad, mayor corrupción" hay en un Estado.
En ese punto que ahora interpela al gobierno porteño, la Nación dio varios pasos en falso en los últimos doce años, empezando por haber dejado que perdieran estado parlamentario los distintos proyectos acumulados de Acceso a la Información Pública.
Además, el kirchnerismo se encargó de desmantelar, debilitar o colonizar a los organismos de control como la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, la Oficina Anticorrupción, la Sigen y la Defensoría del Pueblo. Sólo la Auditoría General de la Nación, dependiente del Congreso, cumple ese rol.
Es cierto que Cristina Kirchner buscó dejar una huella institucional con la modernización de códigos, pero esas grandes reformas quedaron opacadas con otras decisiones, tendientes presuntamente a proteger a funcionarios acusados de corrupción.
Jubilación "anticipada"
Con 97 años y una trayectoria reconocida en el ámbito judicial, el juez Fayt decidió presentar su renuncia a la Corte, pero con vigencia a partir del 11 de diciembre, es decir un día después de la partida de Cristina Kirchner de la Casa Rosada.
Parece un infantilismo, pero seguramente se hubiera evitado si la Presidenta habría propuesto un candidato con mayor consenso para ocupar el cargo que previamente dejó vacante Raúl Eugenio Zaffaroni, como hizo Néstor Kirchner en el inicio de su mandato.
El penalista Roberto Carlés quedó desdibujado por sus mensajes en las redes sociales contra dirigentes opositores.
Habrá que ver si el kirchnerismo logra quebrar o negociar con la oposición para impulsar una doble candidatura a la Corte —necesita los dos tercios de votos del Senado para aprobarlo— o la renovación del tribunal quedará para el próximo gobierno.
Esta recopilación puede sonar a ensalada —o tener sus matices— pero no es ni más ni menos que una sucesión de hechos que muestran un andar disfuncional de las instituciones, enmarcada en los frentes abiertos por los Kirchner.
Es probable que el próximo presidente ejerza un liderazgo menos personalista que el de Néstor y Cristina, pero más allá de la pátina de estilo que puedan imprimir se necesitan normas y decisiones que fortalezcan a las instituciones.
En todo caso, el escándalo tucumano, la crisis del gobierno porteño y el conflicto de poderes con la Corte son oportunidades para cambiar las cosas. Para ello, la sociedad, siempre más atenta a la coyuntura económica, también tiene un rol que cumplir.

viernes, 25 de septiembre de 2015

SCIOLI Y EL DEBATE

Scioli y el debate.
Raúl Canosa, 25/09/015

  La lógica indica que Scioli no irá al debate. 
También es lógico que si el oficialismo no se presenta la oposición tampoco.  Con quien va debatir sobre las diferencias con la gestión? 
Por otra parte, a Scioli le serviría el debate para tratar de captar votos no peronistas y peronistas no K  para perforar el techo de intención de voto de 38 puntos que hasta ahora no puede, a pesar de las encuestas difundidas por los medios afines .
Para eso debería y máxime en un debate indicar las políticas que piensa implementar pero lo diferenciará del gobierno para captar esos votantes, pero.....
Él sin ser lo mismo eligió ser igual al Kirchnerismo para conseguir la bendición K. 
La consiguió pero Cristina le coloco a Zanini de Vice Pte. y además le ubicó  en las listas de legisladores nacionales y provinciales a candidatos propios, de manera que Scioli no la tiene fácil ni la tendrá si llega a acceder a la presidencia.  
Cristina y su núcleo de poder pretenden mantener el protagonismo, para ello obviamente armaron el andamiaje necesario. 
Por ejemplo, Scioli no manejará la estratégica comisión de presupuesto y hacienda, es casi seguro que la presidirá Kicillof.  
En fin, Scioli dentro del espectro peronista es un candidato débil. No ha construido su propia fuerza política para disputar espacios de poder dentro del PJ. 
Siempre fue porque lo llevaron. 
Y ganó elecciones si, porque en definitiva era el delfín del Presidente de turno. 
En el fondo esa es su debilidad, no tener poder propio. Y se vio a lo largo de sus gestiones. 
Se lo demostraron cuando insinuó que pretendía ser candidato siendo que Cristina todavía pensaba que podía sacar la re reelección,  le cortaron el envío de fondos para abonar los sueldos de los empleados públicos provinciales creándole un flor de lío.
Y entendió el mensaje. 
 Así las cosas, en caso de ganar las elecciones creo que tendremos un gobierno de "doble comando" con las derivaciones institucionales que eso traería aparejado.
También espero, por el bien del país, que  ojalá me equivoque.